Un leve olor a tierra mojada es normal. Un olor ácido, pútrido o similar a huevos podridos que surge del tiesto del Ficus durante el riego indica encharcamiento, escasa aireación o materia orgánica en descomposición, y exige una revisión.
Los Ficus de interior —del Lyrata al Benjamina y al Ginseng— reducen el consumo de agua cuando disminuyen la luz y la temperatura. En septiembre, mantener la frecuencia de riego estival puede dejar el sustrato saturado durante varios días.
Perfumar la superficie o añadir tierra nueva no elimina la causa. Antes de actuar, hay que determinar si el olor proviene del plato inferior, de hojas caídas o de las raíces.
Localiza el origen del olor
Vacía el plato exterior y acerca la nariz a los orificios de drenaje sin aproximar el rostro a mohos visibles. Revisa el agua estancada, los orificios obstruidos y cualquier material en descomposición en la superficie. A veces una sola hoja enterrada genera un olor localizado.
Si el olor reaparece desde el cepellón incluso después de limpiar, comprueba cuánto tiempo permanece húmedo el sustrato y si el tiesto drena realmente.
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Revisa la humedad y las raíces
Valora el peso del tiesto y la humedad en profundidad. Si el tiesto sigue pesado, el Ficus se marchita sobre tierra húmeda o el tronco está inestable, extrae con cuidado el cepellón para observar las raíces.
Las raíces firmes y de color claro son muy distintas de las partes oscuras, blandas y malolientes. El daño real es lo que debe guiar cualquier intervención.
Qué hacer si encuentras deterioro
Retira únicamente las raíces muertas con tijeras limpias y usa una mezcla aireada en un tiesto con orificios proporcionado al sistema radicular que quede. No dejes agua en el plato y no reutilices el sustrato degradado.
Usa guantes porque la savia del Ficus puede irritar la piel. Una planta que ha perdido raíces consumirá menos agua: el nuevo ritmo de riego debe reconstruirse observando el peso del tiesto, no siguiendo un calendario fijo.
No enmascarar el olor
La canela, el bicarbonato, la lejía, los perfumes y los desinfectantes domésticos pueden dañar las raíces o disimular temporalmente la señal. El abono tampoco oxigena un sustrato saturado.
El olor es solo una manifestación del modo en que se gestiona el tiesto: el verdadero problema está en el drenaje y la frecuencia de riego, no en la superficie.
Prevenir que vuelva a ocurrir
Riega solo después de comprobar la parte superior del sustrato y el peso del tiesto. Distribuye el agua de forma uniforme, deja escurrir bien y mantén el tiesto elevado sobre el plato para que no quede en contacto con el agua. Retira las hojas caídas. Con menos luz, alarga el intervalo entre riegos cuando el sustrato lo indique.
Si trasplasas, fotografía las raíces y el contenedor y anota cuánto tarda la nueva mezcla en secarse. No conviertas ese intervalo en un calendario rígido.
Trasplantar solo si es necesario
Si el olor desaparece cuando el cepellón se seca y la planta está sana, corregir los riegos y el drenaje puede ser suficiente. Si el sustrato permanece encharcado, las raíces están blandas o el cuello de la planta se oscurece, extrae el Ficus y retira con herramientas limpias únicamente los tejidos dañados.
Elige un tiesto con orificios, ajustado a las raíces sanas, y un sustrato aireado. Mantén la misma altura del cuello y no comprimas el cepellón para añadir más tierra. Tras el trasplante, riega y deja drenar; después espera a que la parte superior se seque antes de volver a regar, y no abonas hasta que la planta muestre signos de recuperación.
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