Está ahí, colgando desde la estantería, larga como un brazo extendido: una rama del Pothos que mide casi un metro pero que apenas tiene unas pocas hojas desperdigadas a lo largo del tallo. A primera vista parece un apéndice agotado, casi inútil, especialmente cuando el tramo central está prácticamente desnudo.
Sin embargo, eliminarla sin más puede ser una decisión precipitada. Antes de coger las tijeras conviene observar con atención el tallo y, sobre todo, los nudos, esos puntos desde los que en su día brotaron las hojas y las raíces aéreas. Si todavía están vivos, esa rama tiene varias salidas posibles.
Por qué el tallo se ha quedado sin hojas
Una rama muy larga con pocas hojas suele ser el resultado de meses o incluso años de crecimiento continuado. Con el tiempo, algunas hojas amarillean y caen, dejando tramos del tallo completamente pelados. Una posición con poca luz también favorece entrenudos más largos, es decir, una mayor distancia entre una hoja y la siguiente.
El resultado es un tallo que sigue alargándose pero que cada vez luce más vacío. Antes de actuar, conviene revisar el resto de la planta: si las demás ramas producen hojas regulares y sanas, el problema probablemente se limita a ese tallo viejo.
Si, en cambio, toda la planta está generando tallos muy largos y hojas muy separadas entre sí, merece la pena revisar también la cantidad de luz disponible. Una rama pelada no vuelve a llenarse sola simplemente esperando, así que hay que decidir qué papel va a jugar dentro de la forma general que se quiere dar a la planta.
Cómo inspeccionar los nudos antes de tomar una decisión
La parte más importante de la rama no son las escasas hojas que quedan, sino los nudos presentes a lo largo del tallo. Son esos pequeños puntos ligeramente más marcados desde los que en el pasado nacieron las hojas, y junto a ellos suele apreciarse una pequeña raíz aérea o una protuberancia.
Más para leer
Un nudo sano conserva un aspecto firme y un color normal. Un tramo de tallo completamente seco, oscuro y frágil, en cambio, ofrece muchas menos posibilidades. Lo más útil es recorrer la rama desde la base hasta la punta y contar cuántos nudos vitales quedan.
Si el tallo es verde y consistente, incluso una parte sin hojas puede estar viva. La ausencia de hojas no significa automáticamente que el tallo esté muerto. La punta da otra pista: si sigue produciendo una hoja nueva o un pequeño brote, la rama sigue activa.
Conservarla o acortarla: cómo elegir en octubre
Si la rama está sana y su efecto colgante resulta atractivo, lo más sencillo es dejarla crecer. Un Pothos colocado en una estantería o en un macetero colgante puede tener tallos de distintas longitudes sin ningún problema. No es necesario buscar una forma perfectamente uniforme.
Si, por el contrario, el tallo se ha vuelto demasiado largo, pelado y difícil de manejar, puede acortarse. El corte debe hacerse con tijeras limpias, eligiendo un punto justo junto a un nudo. La parte que queda en la planta puede reactivarse y producir nueva vegetación desde alguno de los nudos inferiores.
No hace falta cortar todas las ramas solo porque una haya crecido mucho. Es preferible actuar de forma selectiva y conservar los tallos que todavía tienen buen aspecto. Además, en octubre la planta empieza a reducir su ritmo de crecimiento a medida que los días se acortan, así que conviene evitar podas drásticas si no son realmente necesarias.
Usarla para hacer esquejes: un metro de tallo puede dar mucho
La rama que se elimina puede convertirse en la parte más interesante de toda la operación. Un tallo largo con numerosos nudos puede dividirse en varios esquejes, incluso aunque no todos tengan ya una hoja.
Para obtener un esqueje válido es imprescindible conservar al menos un nudo, porque es desde ahí donde pueden desarrollarse nuevas raíces y nuevos brotes. Los segmentos con una hoja son más fáciles de identificar y manejar, pero los tramos desnudos también funcionan si el nudo sigue vivo.
Los esquejes pueden enraizarse en agua o en sustrato y después colocarse en la misma maceta de la planta madre. Así, esa vieja rama larga y vacía puede convertirse con el tiempo en varios tallos nuevos y frondosos. Es precisamente esta posibilidad la que hace poco razonable tirar de inmediato una rama que todavía conserva el verde: un metro de tallo puede albergar muchos nudos y, por tanto, material para más de una planta nueva.
Qué observar en las semanas siguientes
Después de acortar la rama o de poner los esquejes a enraizar, no hay que esperar cambios inmediatos. La parte que permanece en la planta madre debe revisarse durante las semanas siguientes: si uno de los nudos empieza a hincharse y produce un pequeño brote, es señal de que el crecimiento se ha reactivado.
Los esquejes también necesitan su tiempo. La mejor referencia no es la velocidad con que cambia el tallo viejo, sino la aparición de nuevas raíces y nueva vegetación. Si se ha decidido mantener la rama entera, lo más útil es vigilar la punta: una hoja nueva indica que el tallo sigue creciendo.
En octubre hay que tener en cuenta también la luz. Con días más cortos, un Pothos situado lejos de la ventana puede producir un crecimiento más lento y menos compacto. Una posición con buena luz indirecta favorece tallos nuevos más equilibrados y con hojas más juntas.
Una rama de casi un metro y prácticamente sin hojas no tiene por qué eliminarse. Puede quedarse en su sitio, acortarse o transformarse en varios esquejes. Mientras el tallo conserve nudos vitales, esa rama todavía tiene algo que ofrecer.
Tu opinión nos ayuda










La conversación continúa
Comentarios