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Cómo proteger las plantas cuando llegan las primeras noches frías del otoño

Cómo proteger las plantas cuando llegan las primeras noches frías del otoño

Cuando las temperaturas empiezan a bajar por las noches, muchas plantas muestran los primeros signos de malestar aunque durante el día el clima siga siendo templado. El problema no es solo el frío intenso, sino sobre todo el cambio brusco de temperatura entre el día y la noche.

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Las plantas más sensibles pueden reaccionar con hojas blandas, manchas oscuras, crecimiento ralentizado o pérdida repentina de vigor. Por eso conviene actuar antes de que llegue el frío de verdad, protegiendo sobre todo los ejemplares cultivados en maceta y los de origen tropical.

No siempre es necesario meterlo todo en casa. Con frecuencia basta con encontrar una posición más resguardada, usar alguna cobertura sencilla y controlar mejor el riego para ayudar a las plantas a superar sin problemas las primeras noches frías.

Qué plantas hay que proteger primero

No todas las plantas reaccionan igual ante el descenso de temperaturas. Algunas especies pueden permanecer tranquilamente en el exterior, mientras que otras empiezan a sufrir cuando las mínimas nocturnas se acercan a los 10-12 °C.

Hay que prestar especial atención a las plantas tropicales y subtropicales, sobre todo si durante el verano han estado en el exterior. Plantas de interior como el anturio, el pothos, el ficus y muchas variedades tropicales pueden resentirse rápidamente con las noches frescas.

Algunas aromáticas típicamente estivales, como la albahaca y otras especies sensibles, también pueden ralentizar mucho su crecimiento cuando bajan las temperaturas.

Las plantas cultivadas en maceta son en general más vulnerables que las que están en tierra. Las raíces, al estar rodeadas de una cantidad limitada de sustrato, pueden enfriarse mucho más deprisa durante la noche.

Para saber qué ejemplares proteger primero, es útil observar la planta en su conjunto. Hojas caídas por la mañana, manchas oscuras y crecimiento repentinamente ralentizado pueden ser señales de que el fresco nocturno está empezando a ser excesivo.

Dónde colocar las macetas para ganar grados

La primera medida no tiene por qué ser llevar las plantas al interior. A menudo basta con mover las macetas a una posición más resguardada del viento y las corrientes frías.

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Un balcón cubierto, un porche, una galería luminosa o una zona junto a una pared pueden ofrecer varios grados de protección más que un espacio completamente expuesto.

Las paredes de la casa tienden a acumular parte del calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche. Colocar las macetas cerca de un muro puede crear un pequeño microclima más cálido.

Conviene evitar, en la medida de lo posible, dejar los recipientes directamente sobre suelos muy fríos. Las macetas pueden elevarse ligeramente usando pies, soportes o materiales aislantes, especialmente si el suelo es de piedra o cemento.

Cuando las temperaturas previstas sean demasiado bajas para una especie concreta, llevarla al interior puede ser necesario. En ese caso es preferible elegir una habitación luminosa y no excesivamente caliente, evitando los cambios bruscos de un ambiente exterior fresco a una zona muy calefactada. Dentro de casa también conviene alejarse de radiadores, estufas y corrientes de puertas o ventanas abiertas.

Tejidos y coberturas que funcionan

Para las plantas que deben quedarse en el exterior se puede usar el velo de tela sin tejer, uno de los sistemas más sencillos para crear una protección ligera durante las horas más frías.

El material puede colocarse alrededor de la copa sin apretar demasiado la planta. El objetivo es crear una barrera contra el frío y el viento manteniendo al mismo tiempo una cierta circulación del aire.

Es preferible no usar láminas de plástico en contacto directo con hojas y tallos. El plástico no transpira y puede favorecer la formación de condensación, aumentando la humedad alrededor de la vegetación. Si se usa una cubierta impermeable para proteger de la lluvia o de un descenso brusco de temperaturas, hay que dejar espacio para que circule el aire y retirarla durante las horas más suaves del día.

También la superficie de la maceta puede protegerse. Una capa de acolchado con corteza, hojas secas u otro material adecuado puede limitar los cambios de temperatura del sustrato. En las macetas más sensibles puede ser útil aislar el recipiente envolviéndolo por fuera con materiales protectores, una medida que beneficia sobre todo a las raíces, la zona más expuesta a los cambios térmicos.

Riego y viento: dos factores que agravan el frío

Con el descenso de las temperaturas cambia también la velocidad a la que la tierra se seca. Una maceta que en verano necesitaba riego frecuente puede mantenerse húmeda muchos más días cuando las noches se vuelven frescas.

Seguir regando con la misma frecuencia puede crear un ambiente frío y demasiado mojado alrededor de las raíces, aumentando el riesgo de podredumbre. Antes de regar conviene comprobar siempre el sustrato: si los primeros centímetros siguen húmedos y la maceta pesa, es mejor esperar.

Cuando se necesite agua, lo ideal es regar por la mañana, para que la tierra tenga varias horas de luz y temperaturas más suaves para empezar a secarse antes de que llegue la noche. También hay que evitar dejar agua estancada en los platos, ya que con temperaturas bajas las raíces en contacto continuo con agua pueden sufrir con más rapidez.

El viento agrava los efectos del frío: una planta expuesta a corrientes continuas pierde calor y humedad más deprisa que una ubicada en una zona resguardada. Una simple pared, un rincón del balcón o una barrera natural pueden ofrecer una protección importante. Resguardar del viento resulta a menudo igual de útil que cubrir la planta.

Qué revisar por la mañana tras una noche fría

Después de una noche especialmente fresca, es útil revisar las plantas sin intervenir de inmediato con agua o abono.

Si las hojas aparecen ligeramente caídas, conviene esperar unas horas y observar cómo responden con el aumento de la temperatura. En algunos casos la planta puede recuperarse por sí sola durante la mañana.

Si en cambio aparecen zonas oscuras, tejidos blandos o partes dañadas, es mejor esperar antes de podar. El daño puede volverse más evidente al cabo de uno o dos días, y actuar demasiado pronto puede llevar a eliminar partes aún vivas.

Tampoco es útil en esta fase aumentar el fertilizante. Una planta que ha sufrido frío necesita primero recuperarse y retomar un crecimiento regular.

La estrategia más eficaz sigue siendo la prevención: con la llegada de las primeras noches frías, conviene consultar las previsiones, mover a tiempo las macetas más sensibles, reducir gradualmente el riego y proteger las plantas expuestas. Resguardo, sustrato no demasiado húmedo, protección de las raíces y atención a las temperaturas nocturnas permiten a las plantas afrontar el cambio de estación en condiciones mucho más favorables.

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