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Cómo abonar la Portulaca grandiflora para que produzca más flores

Cómo abonar la Portulaca grandiflora para que produzca más flores

La Portulaca grandiflora crece con rapidez durante los meses cálidos y destina gran parte de su energía a producir continuamente nuevos capullos. Por eso el abonado resulta especialmente útil durante la fase de crecimiento activo y floración, que va generalmente desde la primavera hasta finales del verano.

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Con plantas recién trasplantadas, conviene esperar a que estén bien enraizadas antes de abonar. Si el sustrato es nuevo y ya viene enriquecido con fertilizante, no es necesario añadir más nutrientes de inmediato. Un exceso de sales minerales en las primeras semanas puede provocar estrés en las raíces y frenar el desarrollo en lugar de favorecerlo.

Cada cuánto tiempo abonar según el tipo de cultivo

Una vez que la planta está bien establecida, se puede abonar aproximadamente cada 10-15 días con un fertilizante líquido muy diluido. Con productos más concentrados o en sustratos ya bastante fértiles, puede ser suficiente intervenir cada dos o tres semanas.

La frecuencia también depende del tipo de cultivo. Una portulaca en maceta dispone de un volumen limitado de sustrato y, con el riego repetido, parte de los nutrientes se va lavando progresivamente. En tierra, en cambio, las raíces pueden explorar un mayor volumen de suelo y el abonado puede ser menos frecuente.

Durante los períodos de calor extremo, sobre todo si la planta muestra signos de estrés o ralentiza temporalmente su crecimiento, es preferible evitar abonados abundantes. El fertilizante debe aplicarse cuando el sustrato conserva algo de humedad, nunca sobre tierra completamente seca.

Qué abono usar para obtener más flores

Para estimular la producción de flores es importante fijarse en la composición del fertilizante. Los tres elementos principales que suelen indicarse en los envases son el nitrógeno, el fósforo y el potasio, identificados habitualmente con las siglas N-P-K.

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El nitrógeno favorece principalmente el desarrollo vegetativo: hojas y nuevos brotes. Una cantidad moderada es necesaria, pero un exceso puede llevar a la Portulaca grandiflora a producir mucha masa verde y relativamente pocas flores.

El fósforo interviene en el desarrollo de las raíces y en los procesos relacionados con la formación de flores, mientras que el potasio contribuye a la robustez general de la planta y a la calidad de la floración. Por ello resulta generalmente adecuado un fertilizante para plantas con flor, en el que el nitrógeno no sea claramente predominante.

No es imprescindible buscar una fórmula con valores muy elevados de fósforo. Lo más importante es elegir un producto equilibrado, destinado a plantas de flor, y usarlo con moderación. Un abono en el que el fósforo y el potasio sean iguales o superiores al nitrógeno es normalmente una elección adecuada.

Pueden utilizarse tanto abonos líquidos como fertilizantes granulares de liberación lenta. El abono líquido permite un control muy preciso de las dosis y resulta especialmente cómodo para las portulacas cultivadas en maceta. El fertilizante de liberación lenta, en cambio, libera los nutrientes de forma gradual y requiere menos intervenciones, pero debe dosificarse con cuidado porque la portulaca no es una planta especialmente exigente.

También pueden usarse fertilizantes orgánicos, siempre que no sean demasiado ricos en nitrógeno. El compost bien maduro o pequeñas cantidades de humus de lombriz pueden mejorar el sustrato, pero no deben convertir la tierra en un medio excesivamente fértil ni capaz de retener demasiada agua.

Cuánto abono aplicar sin dañar la planta

Uno de los aspectos más importantes en el cultivo de la Portulaca grandiflora es recordar que más abono no significa más flores. Esta especie está adaptada a crecer en suelos relativamente pobres y puede verse afectada con facilidad por una fertilización excesiva.

Cuando se utiliza un abono líquido, suele ser prudente comenzar con una dosis de aproximadamente la mitad de la indicada por el fabricante, especialmente si la planta crece en una maceta pequeña. Así se reduce el riesgo de acumulación de sales en el sustrato.

Las raíces de la portulaca son especialmente sensibles al encharcamiento y a concentraciones elevadas de fertilizante. Un exceso puede manifestarse con hojas dañadas, crecimiento ralentizado, puntas secas o un deterioro general repentino de la planta.

El abonado debe realizarse preferiblemente después de un riego ligero o cuando el sustrato conserva todavía algo de humedad. Aplicar una solución fertilizante concentrada sobre tierra muy seca aumenta el riesgo de dañar las raíces.

En los contenedores conviene comprobar periódicamente también el drenaje. Si el agua no sale con rapidez por los orificios del fondo, el problema no se corrige ajustando el abono: hay que intervenir sobre el sustrato drenante y sobre la gestión del riego.

Cuando la planta presenta un porte compacto, produce nuevos brotes y forma capullos con regularidad, no es necesario aumentar la dosis. Una portulaca sana responde mejor a una disponibilidad constante pero moderada de nutrientes que a abonados muy concentrados y esporádicos.

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