El hijuelo del clorofito —la pequeña planta que crece al final de un tallo colgante— está listo para cortar cuando muestra una roseta reconocible, varias hojas abiertas y pequeños esbozos de raíz en la base. Un brote recién aparecido conviene dejarlo todavía unido a la planta madre, ya que su base aún no está suficientemente desarrollada para arraigar por sí sola.
La forma de la nueva plántula da más información que una fecha o una medida. El clorofito indica con claridad cuándo el hijuelo está maduro. En ese momento puedes enraizarlo antes de cortarlo, que es la opción menos arriesgada, o separarlo y ponerlo a arraigar en agua o en sustrato.
Tres señales antes del corte
Empieza por la roseta: las hojas deben partir de un centro definido y el hijuelo no debe parecer ya un simple engrosamiento del estolón.
Después observa el mechón. La presencia de varias hojas abiertas, no solo dos puntas tiernas, indica que la nueva plántula ya ha construido una parte aérea capaz de seguir creciendo.
Por último mira la base. Los puntitos claros o los filamentos cortos son esbozos de raíz: desde ahí partirá el nuevo sistema radicular en cuanto entre en contacto con el agua o el sustrato.
Las tres señales deben leerse juntas. Un hijuelo puede tener hojas bastante largas pero una base todavía lisa; otro puede mostrar pronto alguna raicilla aunque tenga una roseta pequeña. Dejarlos en la madre un poco más no crea ningún problema: los estolones y las plántulas forman parte del crecimiento normal del clorofito y pueden madurar en la planta.
Más para leer
Revisa la plántula a la luz, girando con cuidado el estolón sin doblarlo. Las raicillas sanas son claras y consistentes; una base oscura, blanda o dañada puede pudrirse una vez enterrada. En ese caso, elimina la parte dañada con una hoja limpia y elige otro hijuelo ya bien formado. Tener listos de antemano el vasito, el sustrato y las tijeras evita dejar la plántula cortada sobre la mesa mientras buscas el material.
Enraízalo todavía unido a la madre
Coloca junto a la planta madre un vasito con agujeros en el fondo y sustrato ligero. Sin doblar bruscamente el estolón, apoya la base del hijuelo sobre la superficie y sujétala con una horquilla abierta o un pequeño arco de alambre revestido. Las hojas deben quedar fuera del sustrato.
Humedece el vasito y colócalo con la misma luz que la madre. El estolón sigue alimentando a la plántula mientras se forman las nuevas raíces: esa es la ventaja de multiplicar los hijuelos todavía unidos.
Para comprobar si ha arraigado, mueve muy suavemente la roseta. Si la base ofrece una leve resistencia y empiezan a aparecer hojas nuevas, las raíces han prendido. Solo entonces corta el estolón entre la madre y el nuevo vasito con tijeras limpias. No tires: podrías arrancar precisamente las raíces recién formadas.
Tras el corte, deja el vasito en el mismo sitio unos días. Comprueba la humedad con un dedo y riega solo cuando la superficie empiece a secarse. Una hoja exterior que pierde firmeza puede deberse al asentamiento; una roseta entera flácida sobre sustrato empapado indica, en cambio, que la base no está absorbiendo y hay que revisarla de inmediato.
En agua o en sustrato
Si el hijuelo ya tiene la base bien desarrollada, puedes cortar el estolón dejando solo un tramo corto y colocarlo directamente en un vasito pequeño. El sustrato debe rodear la base sin cubrir el centro de la roseta. Riégalo para que se adhiera, deja escurrir y mantenlo apenas húmedo: un recipiente grande y encharcado ralentiza el arraigo en lugar de favorecerlo.
La alternativa es sumergir en agua solo la base, manteniendo las hojas fuera. Un vaso transparente permite seguir el crecimiento de las raíces, pero hay que cambiar el agua si se enturbia. Cuando se haya formado un pequeño conjunto de raíces, traslada la plántula al sustrato sin esperar a que se conviertan en una maraña larga y frágil.
En ambos métodos, los primeros días lo que importa es la estabilidad: luz difusa, sin sol directo intenso y sin desplazamientos continuos para comprobar las raíces.
El indicador más útil tras la separación es el crecimiento nuevo. Una hoja que emerge del centro muestra que la plántula está reactivándose; hojas quietas pero todavía tensas piden simplemente paciencia. Evita el abono mientras el vasito pequeño no muestre raíces activas y una hoja nueva: en el sustrato fresco ya encuentra lo que necesita para el primer arraigo.
Propagar o reordenar la planta
Puedes optar por conservar solo algunos hijuelos. Si el clorofito lleva muchos estolones, el macetero resulta inestable o la cascada se enreda cada vez que mueves la planta, eliminar una parte devuelve el orden. En ese caso el corte sirve para podar el conjunto y la presencia de raíces en la plántula deja de ser relevante.
Corta el estolón cerca de su origen sin dañar la mata y decide antes qué plántulas quieres conservar. Una madre sana puede llevar varias sin debilitarse de golpe; si, en cambio, parece sedienta, tiene las raíces muy apretadas o recibe poca luz, conviene resolver esa dificultad en lugar de atribuir cada hoja cansada a los hijuelos. Para multiplicar espera una plántula lista; para reordenar observa la planta entera.
Si quieres obtener más macetas, elige primero los hijuelos con la base más desarrollada y deja madurar los demás. Separarlos todos el mismo día multiplica riegos y controles, mientras que proceder en pequeños grupos permite entender qué método funciona mejor en las condiciones de tu casa. Etiqueta los vasitos con la fecha del corte: así sabrás cuáles avanzan de verdad y cuáles llevan demasiado tiempo sin moverse.
Tu opinión nos ayuda









La conversación continúa
Comentarios