Cuando la Kalanchoe termina su floración, la planta no ha llegado al final de su ciclo. Los flores se marchitan, los tallos quedan desnudos y la planta puede parecer menos atractiva, pero está en condiciones de prepararse para una nueva floración.
Para que aparezcan nuevos capullos no basta con seguir regando y esperar. La Kalanchoe responde a la duración del día y de la noche, y precisamente este factor puede marcar la diferencia entre una planta que solo produce hojas y una que vuelve a florecer.
Qué hacer justo después de la floración
Cuando las flores están completamente marchitas, las antiguas inflorescencias pueden eliminarse. No hace falta una poda drástica: el objetivo es retirar lo que ha terminado su ciclo y dejar la parte verde de la planta en las mejores condiciones para seguir creciendo.
Este es también el momento adecuado para observar bien las hojas. La Kalanchoe tiene hojas carnosas capaces de almacenar agua. Si tienen una textura consistente, un color uniforme y aparecen nuevos puntos de crecimiento, la planta dispone de una buena base desde la que repartir.
Si los tallos están muy alargados y entre una hoja y otra aparecen grandes espacios, conviene revisar la posición. Un crecimiento excesivamente estirado puede indicar que la planta ha recibido demasiado poca luz.
Tras el fin de la floración no hay prisa. Antes de pedirle a la Kalanchoe que produzca nuevos capullos, es importante permitirle continuar creciendo en condiciones regulares.
Riego y luz durante la fase de recuperación
La gestión del agua sigue siendo fundamental. Precisamente porque las hojas son carnosas, la Kalanchoe no debería vivir en un sustrato constantemente húmedo.
Entre un riego y el siguiente es preferible dejar que el sustrato se seque, sin esperar deliberadamente a que toda la planta se marchite.
Cuando la tierra esté seca, se puede regar bien todo el cepellón. El agua debe poder salir por los orificios del fondo de la maceta, y la que quede en el platillo o en la cubierta debe eliminarse.
Es mejor evitar las pequeñas adiciones diarias de agua «por si acaso». Una humedad continua alrededor de las raíces puede resultar mucho más problemática que unos días extra con la tierra seca.
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No es necesario fijar un número de días entre riegos. La pregunta más útil sigue siendo siempre la misma: ¿el sustrato está realmente seco o no?
La luz también tiene un papel importante. Después de la floración, la Kalanchoe debe permanecer en una zona muy luminosa para seguir creciendo correctamente. Una posición demasiado alejada de las ventanas puede favorecer tallos más alargados y una forma menos compacta.
Por qué la Kalanchoe necesita noches largas para formar capullos
La Kalanchoe se considera una planta de día corto. Para empezar a formar nuevos capullos necesita atravesar un periodo caracterizado por noches suficientemente largas.
Un método utilizado para favorecer la refloración consiste en garantizar durante aproximadamente seis semanas noches de unas catorce horas.
Durante el día la planta puede permanecer en su posición luminosa habitual. Al llegar la tarde, debe pasar una larga parte de la noche en condiciones de oscuridad real.
Este detalle es importante porque no basta con que fuera esté oscuro. Si la Kalanchoe permanece en una habitación iluminada hasta tarde, la luz artificial puede interrumpir el largo periodo de oscuridad necesario.
Una solución sencilla consiste en colocar la planta en una habitación donde por la noche no se enciendan las luces, o trasladarla durante esas horas a un ambiente realmente oscuro.
No hacen falta procedimientos complicados. Lo que sí es imprescindible es la regularidad, porque es la repetición de estas noches largas durante varias semanas lo que favorece la formación de los capullos.
Cómo organizar las seis semanas de oscuridad
Para simplificar el proceso, conviene establecer de antemano un periodo de aproximadamente seis semanas.
Durante el día la Kalanchoe recibe luz normalmente. Cada tarde, más o menos a la misma hora, se coloca en un ambiente oscuro o en una habitación donde la iluminación artificial no la alcance. Por la mañana vuelve a su posición luminosa.
No es necesario respetar cada minuto con precisión. Lo importante es garantizar con cierta continuidad una noche larga, de unas catorce horas aproximadamente.
El otoño puede facilitar todo esto porque los días empiezan a acortarse de forma natural. Si la planta se encuentra en un ambiente que por la tarde quede realmente oscuro, una parte del trabajo ya la hace el ritmo estacional normal.
Durante estas semanas es mejor no cambiar simultáneamente todas las demás condiciones de cultivo. No es necesario regar más, aumentar drásticamente el abono ni mover la planta de forma continua.
El manejo debe seguir siendo regular: comprobar la tierra antes de regar, evitar encharcamientos, buena luminosidad durante el día y oscuridad ininterrumpida durante las horas previstas.
Tampoco hay que esperar resultados en pocos días. El proceso tiene que ver con la formación de los capullos y requiere tiempo. La palabra más importante no es perfección, sino constancia.
Qué hacer cuando aparecen los primeros capullos
Después de varias semanas pueden empezar a aparecer los primeros capullos pequeños. Al principio pueden ser poco visibles e incluso confundirse con la nueva vegetación.
Cuando se vuelven reconocibles, la gestión de la luz puede volver progresivamente a la normalidad, manteniendo igualmente la planta en una posición luminosa.
No hace falta cambiar de golpe los riegos ni las fertilizaciones. Es preferible seguir tratando la Kalanchoe con regularidad y dejar que los capullos aumenten gradualmente de tamaño hasta convertirse en los nuevos grupos de flores.
Para acompañarla hacia una nueva floración hacen falta, sobre todo, flores secas eliminadas, sustrato que se deje secar entre riegos, buena luz durante el día y noches largas y realmente oscuras. Creando estas condiciones y manteniéndolas con paciencia, la planta puede llegar de nuevo a la formación de capullos e iniciar un nuevo ciclo de floración.
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