La agrietamiento de los limones en el árbol es un problema frecuente en los cítricos que puede arruinar la calidad de los frutos justo cuando están alcanzando la maduración. La piel se abre de forma más o menos profunda, dejando expuesta la pulpa, que se deteriora con rapidez por la humedad, los microorganismos y los insectos.
Por qué se produce la grieta en el fruto
La rotura ocurre cuando la pulpa aumenta de volumen más rápidamente de lo que la piel es capaz de estirarse. La presión interna llega a ser suficiente para provocar una fisura.
Este fenómeno aparece sobre todo durante la fase de engrosamiento del fruto. Si el limón ha atravesado un período de escasez de agua y a continuación recibe una gran cantidad de humedad, la planta puede absorber agua con rapidez y trasladarla a los frutos. La piel, en cambio, puede no adaptarse a la misma velocidad.
El riego irregular como causa principal
Uno de los factores más importantes es la regularidad del aporte hídrico. Dejar el limonero en condiciones de fuerte sequía y regar después con abundante agua favorece variaciones bruscas en la disponibilidad de humedad.
Cuando el suelo permanece seco demasiado tiempo, la planta entra en situación de estrés. Si a continuación recibe mucha agua, las raíces pueden absorber una cantidad elevada y el fruto puede aumentar de volumen con rapidez.
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El objetivo es mantener una humedad del suelo relativamente constante, adaptando la frecuencia de los riegos a las condiciones climáticas, la estación, la edad de la planta y la estructura del terreno. No se trata de mantener el suelo siempre empapado, sino de evitar alternancias extremas entre sequía y riegos abundantes.
Las lluvias intensas tras períodos secos
Las precipitaciones también pueden favorecer el agrietamiento. El riesgo aumenta cuando a un período especialmente seco le siguen lluvias intensas y prolongadas.
En esas situaciones la planta recibe en poco tiempo una cantidad de agua que puede superar ampliamente la que estaba disponible en el suelo. Los frutos en fase de crecimiento absorben agua con rapidez y aumentan de volumen, sometiendo la piel a una presión excesiva.
No es posible controlar las precipitaciones, pero si cultivas el limonero en un suelo bien drenado y lo mantienes correctamente regado durante los períodos secos, la planta puede afrontar mejor los cambios bruscos. La prevención comienza mucho antes de que llegue la lluvia, manteniendo regular la disponibilidad hídrica durante toda la fase de desarrollo de los frutos.
La nutrición y la resistencia de la piel
La disponibilidad de nutrientes también puede influir en la calidad de los frutos. Una planta que crece en condiciones de desequilibrio nutricional puede producir frutos menos uniformes y más sensibles a determinadas alteraciones.
El potasio y el calcio desempeñan funciones importantes en los tejidos vegetales y en la calidad general de los frutos, aunque esto no significa que baste con añadir grandes cantidades de un único elemento. Una fertilización excesiva puede generar otros desequilibrios y dañar la planta.
Lo adecuado es proporcionar una nutrición equilibrada para cítricos, siguiendo las indicaciones del producto utilizado y teniendo en cuenta las condiciones del suelo. Antes de corregir una supuesta carencia, especialmente en caso de problemas recurrentes, conviene evaluar el estado general de la planta y del sustrato.
Qué hacer con los limones que ya están agrietados
Cuando un limón ya se ha abierto, la herida representa una vía de entrada para hongos, bacterias e insectos. El fruto dañado difícilmente volverá a cerrarse y seguirá siendo vulnerable al deterioro.
Es conveniente revisar la planta con regularidad y retirar los frutos muy agrietados o ya deteriorados. Dejarlos durante mucho tiempo en el árbol puede favorecer la presencia de organismos no deseados y comprometer la calidad del entorno.
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