A finales de verano, la albahaca cambia poco a poco de aspecto. Las ramas que durante semanas han producido hojas comienzan a desarrollar espigas con pequeñas flores, especialmente cuando se interrumpe el despunte y la planta entra en la fase reproductiva.
Si durante el verano las inflorescencias se eliminan habitualmente para favorecer la producción de hojas, entre agosto y septiembre se puede dejar madurar alguna precisamente para obtener las semillas que se guardarán para la temporada siguiente.
La recogida no debe adelantarse. Las semillas deben completar la maduración directamente en la planta, y el momento oportuno se reconoce sobre todo por el color y el aspecto de las inflorescencias.
Dejar florecer algunos ramos
Para recoger las semillas hay que permitir primero que algunos ramos completen la floración. No es necesario dejar florecer toda la planta: basta con elegir dos o tres ramos sanos y dejar de despuntar sus extremos. En los demás se pueden seguir recogiendo hojas con normalidad, manteniendo durante un tiempo más una parte de la albahaca productiva.
Las inflorescencias se alargan progresivamente formando pequeñas espigas en las que aparecen numerosas flores claras. Tras la polinización, las flores se marchitan y en su lugar quedan pequeños envoltorios que contienen las semillas.
A partir de este momento conviene sobre todo esperar. Cortar las espigas cuando todavía están verdes significa recoger semillas que podrían no haber completado la maduración. Lo más adecuado es dejarlas en la planta hasta que empiecen claramente a secarse.
Cuándo es el momento de cortarlas
El momento justo llega cuando la espiga ya no tiene un aspecto verde y fresco. Los tallos se vuelven progresivamente marrones y secos, mientras que los pequeños envoltorios que contenían las flores adquieren una textura similar al papel. En su interior se encuentran semillas diminutas que, una vez maduras, presentan generalmente un color oscuro, casi negro.
Antes de cortar toda la inflorescencia se puede hacer una pequeña prueba: basta tomar uno de los envoltorios más secos y frotarlo suavemente entre los dedos. Si caen con facilidad pequeñas semillas oscuras, la maduración está bastante avanzada. Si las semillas siguen siendo claras, blandas o difíciles de separar, conviene esperar algunos días más.
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La recogida resulta más sencilla en un día seco, cuando las espigas no tienen lluvia, rocío ni agua de riego.
Cómo cortar y secar las espigas
Una vez alcanzada la maduración, las inflorescencias pueden cortarse con unas tijeras limpias dejando algunos centímetros de tallo. Conviene colocarlas enseguida sobre una hoja de papel, una bandeja o un cuenco amplio, porque las semillas maduras pueden caer con suma facilidad durante el traslado.
Si algunas partes de la espiga están todavía ligeramente verdes, se pueden dejar secar unos días en un lugar ventilado y resguardado. No es necesario exponerlas al sol intenso: un lugar seco, a la sombra y bien aireado permite que los restos vegetales pierdan la humedad sin someter las semillas a temperaturas excesivas.
Cuando las inflorescencias están completamente secas se vuelven muy frágiles y la extracción de las semillas resulta considerablemente más sencilla.
Extraer y limpiar las semillas
Las semillas de albahaca son pequeñas y pueden confundirse fácilmente con los fragmentos secos de la inflorescencia. El método más simple consiste en frotar suavemente las espigas entre los dedos sobre una hoja de papel. Los envoltorios secos se abren y liberan las pequeñas semillas oscuras.
Se puede ir poco a poco, desmenuzando las partes ya secas sin aplastarlas con demasiada fuerza. Al final quedará sobre el papel una mezcla de semillas, pequeños fragmentos de hojas, trocitos de tallo y restos de flores.
Para separar el material más grueso basta con retirar a mano las partes más grandes. Los fragmentos más ligeros pueden alejarse inclinando ligeramente el papel y moviéndolo con delicadeza. No es necesario obtener semillas perfectamente limpias una por una: algún residuo vegetal diminuto no plantea problemas, siempre que todo el material esté completamente seco antes de guardarlo.
Cómo secar y conservar las semillas
Tras la extracción conviene dejar las semillas extendidas en el papel durante algunos días más. Este paso reduce la humedad residual que podría haber quedado en el interior de las inflorescencias, ya que conservar semillas todavía húmedas aumenta el riesgo de que aparezcan mohos en el recipiente.
Durante esta fase se pueden descartar las semillas que parezcan muy claras o poco formadas. Las maduras presentan normalmente un color oscuro y una consistencia dura.
Cuando las semillas estén perfectamente secas, pueden transferirse a una bolsita de papel. El papel gestiona mejor cualquier pequeño rastro de humedad que un recipiente cerrado inmediatamente tras la recogida. Conviene anotar en la bolsita la variedad y el año de recogida, sobre todo cuando se cultivan distintos tipos de albahaca.
Las bolsitas pueden guardarse en una caja o recipiente colocado en un lugar fresco, oscuro y seco. El calor y la humedad reducen progresivamente la capacidad de las semillas de germinar, por lo que las cocinas muy calientes, los alféizares expuestos al sol o los ambientes húmedos no son los lugares más adecuados. Si se usan tarros o recipientes herméticos, las semillas deben estar ya completamente secas antes de cerrarlos.
Qué ocurre con la planta madre
Dejar madurar las semillas modifica inevitablemente el comportamiento del ramo. Una vez que entra plenamente en la fase de floración y producción de semillas, ese tallo tenderá a producir menos hojas nuevas y a volverse progresivamente más leñoso.
Por eso conviene destinar a la producción de semillas solo una parte de la albahaca, siguiendo con el despunte y la recogida de los demás ramos mientras las condiciones climáticas lo permitan. Cuando las espigas han sido recogidas, la planta puede seguir aprovechándose durante un tiempo si presenta vegetación sana, aunque a finales de verano su ciclo está ya muy avanzado.
La señal decisiva sigue siendo muy sencilla: no hay que cortar las espigas mientras estén verdes. Cuando se vuelven secas y marrones y empiezan a soltar con facilidad pequeñas semillas negras, ha llegado el momento de cortarlas, abrirlas y guardar las semillas para la próxima siembra.
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