Flores en forma de trompeta de color lila, racimos de capullos violeta oscuro y hojas verdes brillantes. Vista desde lejos parece una trepadora ornamental cualquiera, de las que adornan tantos jardines y terrazas españolas. Basta con frotar una hoja entre los dedos para llevarse la sorpresa: desprende un inconfundible y nítido olor a ajo.
Es la Mansoa alliacea, conocida también como vid del ajo. Procede de los bosques del norte de Sudamérica, donde los pueblos amazónicos la llaman «ajo sacha», es decir, ajo silvestre o ajo del bosque. En España se ve todavía poco, pero quien la cultiva raramente pasa desapercibido. ¿Qué necesita para crecer bien y cuándo florece?
El olor a ajo vive en las hojas, no en las flores
El aroma característico no se percibe al pasar junto a la planta. Se libera cuando las hojas se aplastan o se frotan, o cuando se cortan las ramas durante la poda. Las flores, en cambio, son prácticamente inodoras: quien las acerca esperando sentir ajo se lleva una decepción.
A pesar del nombre y del olor, la Mansoa no tiene ningún parentesco con el ajo de cocina ni con la cebolla. Pertenece a la familia de las Bignoniáceas, la misma de muchas trepadoras en forma de trompeta habituales en los jardines mediterráneos, como el jacarandá trepador o la bignonia naranja.
Flores que cambian de color en el mismo racimo
El segundo espectáculo de esta planta lo protagonizan sus flores. Se abren de un lavanda intenso con la garganta blanca y, en los días siguientes, van aclarando progresivamente hasta volverse casi blancas. En un mismo racimo conviven así capullos violeta oscuro, flores lila recién abiertas y flores más pálidas, con un efecto degradado muy decorativo.
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La floración es abundante y se produce generalmente dos veces al año: en primavera y entre otoño e invierno, con alguna flor suelta también en otros meses. Por eso, en una zona de clima suave, puede seguir florida cuando muchas otras trepadoras ya han terminado su ciclo.
Pleno sol para que florezca de verdad
Al igual que el plumbago, la vid del ajo da lo mejor de sí en pleno sol. En sombra sigue creciendo y produciendo hojas, pero las flores escasean. Cultivada en maceta, necesita una posición muy luminosa con al menos unas horas de sol directo al día.
Se trepa mediante zarcillos, por lo que necesita una red, una valla o un arco al que agarrarse. En maceta se puede contener guiando los nuevos brotes alrededor de un soporte circular, lo que la mantiene compacta y no le impide florecer.
El frío: el límite que hay que respetar
Al ser una planta tropical, la Mansoa no tolera las heladas. Un ejemplar adulto y bien enraizado puede superar durante poco tiempo una helada ligera, pero las temperaturas cercanas a 0 °C deben evitarse. En zonas costeras y de clima benigno, como el litoral mediterráneo o las Islas Canarias, puede quedarse al exterior en un rincón resguardado; en el resto del país es más seguro cultivarla en maceta.
Antes de las noches frías, la maceta debe trasladarse a una galería luminosa o a un espacio protegido, tal como se hace con la dipladenía. En invierno, los riegos se reducen y la tierra no debe quedar nunca encharcada.
Poda ligera y en el momento oportuno
Las flores nacen sobre la vegetación nueva. Por eso la poda se realiza tras la floración y con mano suave: se acortan los ramos demasiado largos y se eliminan los secos o dañados. Una poda drástica arriesga eliminar justo los brotes que producirán los próximos racimos.
Durante el corte es habitual que el olor a ajo se intensifique notablemente. Conviene usar tijeras limpias y recoger enseguida los fragmentos cortados, especialmente si se trabaja en un balcón o terraza.
Dónde colocarla y con qué combinarla
La vid del ajo es perfecta para quien busca una trepadora diferente a lo habitual en una valla soleada, una barandilla o una pequeña pérgola. Junto a trepadoras de flores azules o blancas crea combinaciones delicadas, siempre en tonos fríos.
Quienes prefieren una floración prolongada pueden plantarla al lado de otras trepadoras de clima suave, como la bignonia o la hardenbergia, recordando que todas ellas necesitan protección de las heladas durante los meses más fríos del año.
Si en primavera aparecen pocos capullos, vale la pena revisar primero la exposición al sol antes de pensar en cambiar de sustrato o de riego.
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