Cuando las temperaturas se moderan entre finales de agosto y septiembre, la albahaca que ha pasado semanas ralentizada por el calor extremo puede iniciar una nueva fase de crecimiento. Los días siguen siendo luminosos, las noches se vuelven menos tórridas y el aire mantiene mayor humedad, una combinación que favorece la producción de hojas más grandes y ramificaciones más densas.
La albahaca sigue siendo una planta amante del calor y no tolera temperaturas bajas, pero sufre menos cuando desaparecen los excesos estivales. Las hojas pierden menos agua y los nuevos tejidos pueden desarrollarse con mayor continuidad.
Menos calor sobre las hojas
Durante los días más calurosos de julio y agosto, la albahaca debe expulsar grandes cantidades de agua a través de las hojas. Si la maceta se recalienta y el sustrato se seca rápidamente, la planta puede frenar la producción de vegetación nueva.
Con temperaturas diurnas más moderadas, las hojas mantienen con más facilidad su turgencia, y las raíces no deben afrontar un sustrato que pasa en pocas horas de húmedo a completamente seco.
Esto permite a la planta destinar una mayor parte de sus recursos a la formación de nuevos nudos y hojas. La mejora resulta especialmente evidente en los ejemplares que durante el calor habían producido hojas pequeñas, delgadas o ligeramente rizadas.
No es necesario esperar temperaturas frías: la albahaca sigue funcionando bien mientras los días permanezcan suficientemente cálidos.
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Noches más frescas y crecimiento más regular
Cuando el calor se mantiene elevado incluso después del atardecer, la planta continúa consumiendo mucha energía mediante la respiración. Con noches moderadamente más frescas, sin descender a valores demasiado bajos, ese consumo disminuye y una mayor parte de las sustancias producidas durante el día puede emplearse para construir nuevos tejidos.
Por eso septiembre puede ofrecer una fase vegetativa muy interesante, sobre todo en las zonas donde las temperaturas nocturnas se mantienen por encima de unos 15 °C.
Cuando las mínimas empiezan a caer claramente por debajo de ese umbral, el crecimiento se ralentiza y la albahaca comienza a acercarse al final de su ciclo. El aire fresco ayuda únicamente mientras sea compatible con una especie típicamente estival.
La humedad atmosférica cambia las necesidades de riego
Una mayor humedad en el ambiente reduce la velocidad con la que las hojas pierden agua. Tras semanas de aire caliente y muy seco, un entorno ligeramente más húmedo permite a la albahaca conservar hojas blandas y bien extendidas.
Sin embargo, la humedad del aire y la del sustrato son dos condiciones distintas. Un septiembre más húmedo puede ralentizar el secado de la maceta, por lo que los riegos deben adaptarse. Mantener la misma frecuencia de las semanas más tórridas puede dejar el sustrato encharcado demasiado tiempo.
El agua debe aportarse cuando la capa superior del sustrato empiece a secarse, manteniendo aun así una cierta regularidad para evitar marchitamientos bruscos.
Cómo podar las ramas viejas para estimular la brotación
Para aprovechar esta fase de recuperación conviene intervenir en las ramas que se han alargado en exceso. Un despuntado por encima de un par de hojas sanas interrumpe el crecimiento del extremo y favorece la activación de las yemas laterales situadas en los nudos inferiores.
De una sola rama pueden desarrollarse así dos nuevas ramificaciones. Repitiendo la operación en las ramas más desarrolladas, sin acortar toda la planta a la vez, la albahaca puede recuperar progresivamente una copa más densa y menos alta.
Eliminar las flores para obtener más hojas
Una albahaca que ha pasado todo el verano al exterior puede haber producido ya espigas florales. Cuando la prioridad es obtener hojas nuevas, las inflorescencias deben eliminarse antes de que completen la producción de semillas, ya que la floración modifica la distribución de recursos de la planta hacia flores y semillas en lugar de hacia nuevos brotes vegetativos.
Se puede cortar la espiga justo por encima de un nudo todavía verde, conservando la vegetación inferior. Si en cambio se desea recolectar semillas para el año siguiente, alguna inflorescencia puede dejarse madurar por completo.
La luz sigue siendo imprescindible en septiembre
Las temperaturas más agradables no compensan una ubicación que se haya vuelto demasiado sombreada. En septiembre el sol cambia de inclinación y algunos balcones reciben menos horas de luz que en julio, por lo que la albahaca debe seguir recibiendo varias horas de buena luminosidad, preferiblemente con sol en las horas menos agresivas.
Si los nuevos brotes aparecen largos, delgados y muy espaciados, la maceta probablemente está en una zona con poca luz. Esta ventana entre finales de agosto y septiembre puede aprovecharse antes de que el otoño traiga temperaturas demasiado bajas para continuar produciendo hojas nuevas.
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