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Cómo despertar el Ciclamen en septiembre sin pasarte con el riego

Cómo despertar el Ciclamen en septiembre sin pasarte con el riego

Entre finales de agosto y septiembre, un Ciclamen guardado durante el verano puede empezar a mostrar pequeñas señales de recuperación: del tubérculo emergen minúsculas puntas, algunas yemas se hinchan y comienzan a formarse las primeras hojas tras meses casi sin vegetación.

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Precisamente esta fase genera uno de los errores más frecuentes: ver que el Ciclamen reactiva y volver de inmediato a los riegos abundantes del invierno. El tubérculo está vivo, pero el sistema radicular todavía no trabaja con la misma intensidad que en una planta completamente desarrollada. El agua debe aumentar junto con la nueva vegetación, sin saturar el sustrato justo cuando las raíces están retomando la actividad.

Comprueba el tubérculo antes de regar

Antes de reanudar los riegos conviene verificar que el Ciclamen haya superado realmente el reposo estival. Un tubérculo sano debe resultar compacto y duro al tacto, sin zonas blandas, oscuras o con mal olor. La superficie puede aparecer rugosa tras los meses cálidos y eso, por sí solo, no indica que la planta esté perdida.

La señal más clara llega de las pequeñas protuberancias de la parte superior. Cuando algunas empiezan a hincharse y adquieren un color verde o rojizo, el Ciclamen está preparando nuevas hojas o futuros tallos. No hace falta esperar a que la planta esté ya cubierta de vegetación; basta con detectar una recuperación evidente para comenzar a modificar gradualmente el manejo estival.

Si el tubérculo permanece duro pero sin mostrar aún ningún crecimiento, se puede esperar unos días, sobre todo cuando las temperaturas nocturnas siguen siendo elevadas.

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El primer riego: moderado y por los bordes

Tras un verano casi seco no conviene llenar el tiesto de agua de golpe. El primer riego puede ser moderado y distribuido a lo largo del borde del recipiente, evitando verter el agua directamente sobre la parte central del tubérculo. El objetivo es humedecer una porción del sustrato y poner agua a disposición de las raíces sin convertir todo el cepellón en tierra encharcada.

En los días siguientes hay que observar con qué rapidez pierde esa humedad el sustrato. Si aparecen nuevas hojitas y el sustrato vuelve a secarse, se puede aumentar progresivamente la cantidad de agua. Cuanta más vegetación produzca la planta, mayor será su capacidad para aprovechar el agua recibida. El paso de los riegos estivales muy reducidos a los otoñales debe seguir, por tanto, el crecimiento real del Ciclamen, no una fecha fija en el calendario.

Por qué mojar desde arriba del tubérculo puede ser un problema

El punto más delicado es la parte superior del tubérculo, desde la que están emergiendo hojas y futuros tallos. Verter agua repetidamente justo en el centro puede mantener húmeda la zona de la que parten los nuevos tejidos; en un ambiente todavía cálido y con poca ventilación, esto aumenta la posibilidad de deterioros.

Lo más adecuado es hacer correr el agua por el borde interno del tiesto, de forma que llegue al sustrato circundante y después a las raíces. Otra opción es el riego por inmersión: se apoya el tiesto durante un breve tiempo en un poco de agua y el sustrato absorbe la humedad por los orificios inferiores; después se deja escurrir completamente. El tiesto no debe permanecer de forma permanente en el plato con agua; una vez que el cepellón ha absorbido lo necesario, el agua sobrante debe eliminarse.

Sustrato compactado: un error de diagnóstico habitual

Tras varios meses en el mismo recipiente, el sustrato puede haberse compactado. Durante el reposo estival también puede haberse contraído, creando un espacio entre la tierra y las paredes del tiesto. Al regar desde arriba, el agua corre por esas grietas y sale de inmediato por los orificios, dejando la parte central todavía casi seca.

En ese caso no hay que interpretar la rápida salida del agua como prueba de que el Ciclamen ha recibido suficiente. Se puede remover la superficie con cuidado sin molestar el tubérculo, comprobando que el sustrato vuelve a absorber. Si el terreno está ya muy degradado, compactado o con un drenaje insuficiente, el momento de la recuperación puede aprovecharse para colocar el Ciclamen en un sustrato más aireado, sin enterrar completamente la parte superior del tubérculo.

Luz y temperatura: el riego no lo es todo

La reactivación no depende solo del agua. Con la llegada del otoño, las noches más frescas favorecen el retorno a la actividad del Ciclamen. Un tiesto que haya pasado el verano en un rincón muy resguardado puede trasladarse progresivamente a una posición más luminosa.

Sin embargo, el sol fuerte de las horas centrales de finales de agosto no es la mejor opción para las primeras hojitas recién emergidas. Una zona luminosa con sol suave de mañana o luz filtrada permite que la vegetación se desarrolle sin enfrentarse a temperaturas todavía demasiado elevadas. A medida que avanza septiembre y el calor disminuye, la exposición puede ajustarse de nuevo.

Las hojas indican cuándo intensificar el riego

Las primeras hojas funcionan casi como un indicador del consumo de agua. Con dos o tres pequeños brotes, la necesidad sigue siendo limitada. Cuando el Ciclamen forma una mata más densa, la tierra empieza a secarse más rápido y los riegos pueden volverse más regulares.

No conviene adelantar la fertilización en cuanto aparece la primera punta verde. Primero deben reactivarse raíces y hojas; solo después, cuando el crecimiento es ya evidente, se podrá acompañar la nueva temporada vegetativa con una nutrición adecuada. El verdadero despertar del Ciclamen se produce por etapas: tubérculo compacto, primeras yemas, poca agua por los bordes, nuevas hojas y solo entonces riegos más frecuentes. Es esta progresión la que permite a la planta salir del reposo estival sin encontrarse de repente con un sustrato mucho más húmedo de lo que las raíces son aún capaces de aprovechar.

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