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El agua de arroz que tantos usan puede dañar la floración de las orquídeas

El agua de arroz que tantos usan puede dañar la floración de las orquídeas

Usar agua de arroz como si fuera un abono para orquídeas es un error cada vez más extendido que puede perjudicar la salud de la planta, sobre todo cuando se emplea con frecuencia. Aunque contiene almidón, ese compuesto no equivale a los nutrientes minerales que las orquídeas absorben por las raíces.

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Un fertilizante específico para orquídeas está formulado para aportar elementos minerales en concentraciones controladas. El agua de arroz no tiene esa característica: su composición es impredecible y no puede sustituir a un abono especializado, ni siquiera cuando se usa muy diluida.

Por qué el almidón no alimenta a la orquídea

La Phalaenopsis no crece en tierra universal corriente, sino en un sustrato muy aireado compuesto principalmente de corteza o bark, a veces mezclada con otros componentes. Ese entorno debe mantener una buena circulación de aire alrededor de las raíces para que se sequen correctamente después de cada riego.

Añadir con frecuencia un líquido rico en residuos orgánicos como el almidón altera ese equilibrio sin aportar ningún beneficio real. Para nutrir correctamente la planta, es preferible emplear un fertilizante específico para orquídeas, muy diluido y aplicado según la época del año, la temperatura y el estado de crecimiento de la planta.

Lo que puede ocurrir en el bark con el uso repetido

El principal problema del agua de arroz no es una aplicación ocasional, sino su uso frecuente en el sustrato. El bark está formado por fragmentos de corteza que dejan espacios entre sí; precisamente esos huecos permiten que las raíces reciban oxígeno y se sequen bien tras el riego.

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Cuando se introducen repetidamente almidones y residuos orgánicos, parte de esas sustancias puede quedarse adherida a la corteza o depositarse entre los fragmentos del sustrato. En presencia de humedad y temperaturas todavía templadas, esos restos pueden convertirse en material disponible para bacterias, levaduras y otros microorganismos.

El resultado puede ser la aparición de malos olores, películas superficiales o un sustrato que se degrada más rápido de lo normal. No significa que una sola gota de agua de arroz provoque podredumbre de forma automática, pero sí que se introduce en el macetero un elemento que la orquídea no necesita.

El riesgo aumenta cuando el agua de arroz se conserva varios días a temperatura ambiente, porque puede empezar a fermentar. Un olor ácido o inusual es señal suficiente para no verterla en el macetero. Usar líquidos fermentados de composición desconocida modifica el entorno de las raíces de forma difícil de controlar, y en una planta donde la salud radical es fundamental, ese riesgo no se justifica.

El problema se acentúa en maceteros muy compactos o con sustrato ya envejecido, y en orquídeas que permanecen húmedas durante mucho tiempo. En esas condiciones es mucho más importante favorecer el secado, la aireación y la limpieza del bark que añadir remedios caseros orgánicos.

Qué necesita realmente la orquídea en septiembre

Septiembre es un mes especial para muchas orquídeas de interior. Los días se acortan progresivamente y, en muchas zonas, las temperaturas nocturnas empiezan a bajar. Para una Phalaenopsis en buen estado, este período puede coincidir con la continuación del crecimiento vegetativo o con el acercamiento de la fase en que el contraste térmico entre el día y la noche favorece la formación de nuevos tallos florales.

Las raíces verdes y turgentes indican generalmente que aún están hidratadas; cuando se vuelven plateadas o gris-verdosas, suele acercarse el momento de regar. El sustrato debe ser capaz de secarse entre un riego y el siguiente sin permanecer constantemente empapado.

Con la llegada de días más frescos, el agua evapora más despacio que en los meses cálidos. Continuar regando con la misma frecuencia de julio o agosto puede volverse peligroso. En septiembre el objetivo principal debería ser mantener un sistema radical sano, una buena iluminación sin sol directo excesivo y una ventilación adecuada.

Si la planta crece bien, produce raíces o hojas nuevas y no muestra síntomas de carencia, no hay razón para introducir un remedio adicional. En el cultivo de orquídeas, hacer menos pero hacerlo correctamente suele ser mucho más eficaz que experimentar continuamente con productos caseros.

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