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Segunda Generación de Albahaca: Cómo Renovar tus Plantas Antes de que Llegue el Otoño

Segunda Generación de Albahaca: Cómo Renovar tus Plantas Antes de que Llegue el Otoño

A finales de agosto, la mata de albahaca que sembraste en mayo empieza a dar señales inequívocas de agotamiento. Los tallos se endurecen, las hojas nuevas aparecen más pequeñas que las de julio y la planta no para de lanzar espigas florales, por mucho que las vayas cortando. Es el ciclo natural de la planta: cuando llega a esta fase, casi toda su energía se dirige hacia la reproducción y la producción de hojas útiles se ralentiza de forma considerable.

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Insistir en mantener viva una planta ya envejecida no siempre tiene sentido. Entre agosto y los primeros días de septiembre, con las temperaturas todavía agradables, existe una ventana perfecta para obtener una segunda generación de albahaca que vaya relevando a la estival. La pregunta es: ¿conviene partir de semilla o aprovechar los propios tallos de la planta vieja para hacer esquejes?

Por qué merece la pena renovar la albahaca a finales de verano

La albahaca es una planta anual que tiende de forma natural a completar su ciclo produciendo flores y semillas. En cuanto alcanza esa fase, la energía disponible se redistribuye: la planta dedica menos recursos al crecimiento vegetativo y más a la reproducción. Las podas retrasan ese proceso, pero no lo detienen indefinidamente.

Después de varios meses de cultivo, los tallos suelen volverse leñosos y muy ramificados. Las inflorescencias reaparecen con rapidez incluso tras varios despuntados seguidos. Generar ejemplares jóvenes y compactos, todavía centrados en producir hojas, es la solución más práctica.

El momento ideal depende del clima de cada zona. En regiones donde septiembre sigue siendo cálido durante varias semanas —como el levante peninsular o Canarias— se puede empezar incluso a finales de agosto. Donde las temperaturas bajan rápido, conviene adelantarse un poco. Lo importante es no esperar a que la planta vieja esté completamente seca: la nueva generación debe comenzar a crecer mientras la anterior todavía produce algo.

Partir de semilla: el método más sencillo

La siembra es la opción más directa cuando se dispone de semillas guardadas o recogidas de las propias espigas maduras de la planta. El proceso es muy parecido al de primavera, con algunas adaptaciones para el calor residual de agosto.

Se utilizan macetitas o pequeños semilleros rellenos con sustrato ligero y fino, previamente humedecido. Las semillas de albahaca son minúsculas: basta distribuirlas sobre la superficie y cubrirlas con una capa finísima de tierra, de apenas 2 o 3 milímetros. Un enterramiento más profundo puede dificultar o retrasar la germinación.

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Durante los primeros días el sustrato debe mantenerse ligeramente húmedo, sin llegar a encharcarse. Lo más práctico es regar con pequeñas cantidades de agua distribuidas con cuidado, porque un riego abundante puede desplazar las semillas o crear exceso de humedad. Con temperaturas todavía cálidas, las primeras plántulas suelen asomar en pocos días.

Una vez que aparecen las primeras hojitas verdaderas, las plantas necesitan mucha luz, aunque conviene evitar las horas centrales del sol más fuerte de agosto. Cuando hayan crecido lo suficiente y tengan varias hojas desarrolladas, se pueden aclarar o trasplantar a contenedores más grandes.

Usar esquejes: más rápido que la semilla

El esqueje permite obtener plantas nuevas aprovechando directamente la albahaca vieja, y tiene una ventaja clara sobre la semilla: los resultados llegan antes, porque se parte de un fragmento ya desarrollado.

Hay que seleccionar ramitas sanas, todavía verdes y sin flores, de entre 8 y 12 centímetros de longitud. Un tallo que ya está formando inflorescencias no es el mejor candidato, porque tiende a continuar esa fase incluso después del corte. Se eliminan las hojas de la parte inferior y se dejan solo unas pocas en la zona superior; el tramo despojado se introduce en un vaso con poca agua.

En pocos días empiezan a aparecer las primeras raíces blancas en los nudos sumergidos. El agua debe cambiarse con regularidad, especialmente cuando hace calor, porque se deteriora con rapidez. Cuando las raíces alcanzan unos cuantos centímetros, el esqueje se traslada a una maceta pequeña con sustrato blando. Durante los primeros días tras el paso del agua a la tierra, el sustrato debe mantenerse algo húmedo para que las nuevas raíces se adapten al cambio de medio.

Los primeros despuntados: cómo construir una planta bien ramificada

Tanto si se ha partido de semilla como de esqueje, una planta joven no debe dejarse crecer con un único tallo largo. En cuanto tiene varias parejas de hojas, se puede eliminar la punta por encima de un nudo. De ese punto brotarán nuevos tallos laterales, y la planta irá adquiriendo una forma más tupida y productiva.

Este primer despuntado establece la arquitectura futura de la planta. Más ramificaciones equivalen a más puntos desde los que podrán nacer hojas nuevas. Hay que tener paciencia, sin embargo: una plántula todavía muy pequeña necesita primero desarrollar raíces y hojas suficientes antes de soportar el corte.

El mismo principio se aplica durante la recolección. En lugar de arrancar hojas sueltas desde la base, lo correcto es cortar las puntas de los tallos justo por encima de una pareja de hojas. La cosecha se convierte así, al mismo tiempo, en una poda que sigue estimulando el crecimiento.

La maceta adecuada para que no se estrechen las raíces

Las plántulas parecen diminutas en las primeras semanas, pero la albahaca desarrolla un sistema radicular denso con bastante rapidez. Amontonar demasiadas plantas en el mismo tiesto genera competencia por el agua, la luz y los nutrientes: los tallos se adelgazan y las hojas no llegan a su tamaño normal.

Tras la germinación conviene dejar espacio suficiente entre plantas o repartirlas en varios contenedores. En el caso de los esquejes, se pueden colocar varios en la misma maceta solo si el recipiente es lo bastante amplio. El fondo debe tener orificios de drenaje libres, y el sustrato tiene que retener algo de humedad sin quedar permanentemente saturado.

A finales de verano la evaporación diurna puede seguir siendo muy intensa, mientras que las noches comienzan a refrescarse de forma progresiva. El riego debe ajustarse a las condiciones reales del tiesto, sin seguir el ritmo fijo de las semanas más calurosas de julio.

Hacia el otoño: cómo aprovechar las últimas semanas favorables

La segunda generación de albahaca nace en condiciones distintas a las de las plantas sembradas en primavera. En septiembre los días se acortan y las temperaturas nocturnas van bajando poco a poco, lo que ralentiza el crecimiento de forma progresiva.

Las plantas jóvenes deben recibir la mayor cantidad de luz posible, especialmente cuando el sol pierde la intensidad del verano. Si están en maceta, son mucho más fáciles de mover: cuando las noches empiecen a ser frescas, el tiesto puede trasladarse junto a una pared resguardada o, más adelante en la temporada, a un rincón interior muy luminoso.

El objetivo no es mantener la albahaca creciendo indefinidamente, sino sacar partido de las semanas todavía favorables para disfrutar de hojas tiernas entre finales de agosto y principios de octubre. Saber en qué momento pasar las macetas al interior —y cuánta luz necesitan entonces— es, en realidad, la decisión que más influye en cuánto durará esta segunda cosecha.

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