El parásito de una planta no siempre es visible, pero casi siempre deja una huella. Un agujero limpio, una galería transparente o una hoja pegajosa revelan formas de alimentación distintas, y la forma del daño es el primer dato para acotar el diagnóstico. Confirmar la sospecha requiere revisar el envés de las hojas y los brotes con buena luz, preferiblemente con una lupa.
Antes de aplicar cualquier tratamiento conviene identificar correctamente el causante: un producto elegido al azar puede ser inútil y perjudicar a los insectos beneficiosos.
Hojas enrolladas y brotes deformados
Los pulgones forman colonias en los brotes tiernos y succionan la savia, lo que provoca hojas enrolladas y un crecimiento distorsionado. Pueden dejar una melaza pegajosa sobre la que se desarrolla una capa oscura. Hay que buscarlos entre los pliegues de las hojas, en los capullos y a lo largo de los tallos.
Los trips y los ácaros también pueden deformar los tejidos nuevos. Los trips suelen dejar zonas plateadas y pequeños puntos oscuros; los ácaros producen un punteado pálido en las hojas y, en infestaciones avanzadas, hilos muy finos.
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Hojas decoloradas o con punteado
Un punteado claro y denso que confluye en zonas bronceadas apunta a los ácaros, especialmente en condiciones de calor y sequedad. Si al mover la planta surgen pequeños insectos blancos del envés, es más probable que se trate de mosca blanca. Los escudos inmóviles adheridos a nervios y tallos indican en cambio cochinillas.
El daño causado por parásitos debe distinguirse de las carencias nutricionales y las quemaduras, que no presentan insectos, mudas ni melaza.
Agujeros, márgenes roídos y hoja esqueletizada
Las orugas, las larvas de tentredinidos y los coleópteros eliminan tejido foliar. Las orugas pueden dejar agujeros y mordiscos irregulares, además de excrementos oscuros; algunas larvas de tentredinidos se alimentan en grupo y consumen el limbo dejando solo las nervaduras. Los coleópteros adultos producen con frecuencia orificios en las hojas o muescas características en los bordes.
Conviene revisar las plantas por la noche y agitar suavemente la vegetación sobre una hoja de papel claro. Si la hoja está doblada o enrollada y sujeta con hilos, puede esconder una larva en su interior.
Galerías transparentes dentro de la hoja
Las líneas sinuosas, los corredores o las manchas transparentes en el interior del limbo son típicos de los minadores de hojas. La larva vive entre las dos epidermis, por lo que no se encuentra simplemente en la superficie. Retirar algunas hojas afectadas puede reducir la infestación, pero antes hay que comprobar que la planta pueda soportar esa pérdida.
Abultamientos y agallas
Una agalla es un crecimiento anómalo que produce la planta como respuesta a distintos organismos, entre ellos ácaros e insectos. Puede adoptar la forma de un pequeño cono, una ampolla o un fieltro de color. No todas las agallas foliares comprometen seriamente la planta, por lo que no justifican automáticamente un tratamiento generalizado.
Mordiscos con rastro brillante
Los agujeros irregulares en las hojas acompañados de un rastro de baba apuntan a caracoles y babosas. Son más activos de noche, tras la lluvia y en los puntos frescos y húmedos del jardín. Hay que buscarlos bajo macetas, tablones y hojas apoyadas en el suelo, no durante las horas más secas del día.
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