Al final del verano y con la llegada del otoño, el Ficus puede recibir mucha menos luz aunque no se haya movido de su sitio. El sol cambia de inclinación, entra por las ventanas con ángulos distintos y las horas de luz disminuyen semana tras semana.
Un Ficus benjamin, elastica, lyrata o ginseng que durante el verano crecía bien sobre un mueble o a varios metros de la ventana puede empezar a producir hojas más pequeñas, entrenudos más largos o un crecimiento muy lento.
Cerca de la ventana, pero con la distancia adecuada
Cuando los días se acortan, la posición más favorable suele estar dentro de uno o dos metros de una ventana bien orientada. Sin embargo, no existe una distancia válida para todos los hogares: un gran ventanal orientado al sur ilumina una superficie mucho mayor que una ventana pequeña orientada al norte.
Lo que realmente importa es la cantidad de luz que llega directamente a la copa de la planta. Si durante el día las hojas están bien iluminadas y en el suelo cercano se forma una sombra visible, la luminosidad es generalmente buena. Si el Ficus se queda en una zona donde la luz ya es muy débil a primera hora de la tarde, conviene acercarlo más a la ventana.
Los ejemplares variegados, como algunas variedades de Ficus benjamin, necesitan aún más luz porque las partes claras de las hojas contienen menos clorofila.
Ventanas orientadas al sur: una ventaja en otoño
Una ventana orientada al sur resulta especialmente interesante entre septiembre y el otoño. El sol de verano, muy alto, entra poco en el interior; al bajar su trayectoria, los rayos penetran más profundamente en la habitación. Un Ficus colocado en este sector puede recibir mucha más luz natural durante los días cortos.
Hay que tener en cuenta, no obstante, la intensidad del sol directo sobre el cristal. Un Ficus ya acostumbrado a condiciones luminosas puede tolerar bien unas horas de sol suave. Uno que lleva meses lejos de la ventana no debería trasladarse de golpe junto al cristal cuando el sol le da durante varias horas.
Más para leer
La aproximación debe hacerse de forma progresiva, sobre todo en el caso del Ficus lyrata y el elastica, cuyas hojas grandes pueden mostrar quemaduras con facilidad tras cambios demasiado bruscos.
Ventanas orientadas al este
La orientación al este ofrece luz abundante durante las primeras horas del día. El sol de la mañana es generalmente menos intenso y representa una buena solución para muchos Ficus cultivados en interior. Una posición bastante cercana a la ventana permite a la planta aprovechar las horas luminosas antes de que el sol cambie de lado del edificio.
En septiembre, sin embargo, conviene reevaluar la situación respecto a junio. Si frente a la ventana hay balcones, árboles o edificios, la iluminación disponible podría reducirse rápidamente con la llegada del otoño. El macetero que en verano estaba a dos metros del cristal puede necesitar un desplazamiento más cercano.
Cuidado con las habitaciones orientadas al norte
Una habitación orientada al norte recibe principalmente luz difusa, sin muchas horas de sol directo. El Ficus puede vivir en estas condiciones siempre que se coloque realmente cerca de la ventana. Las zonas profundas de la habitación se vuelven progresivamente menos favorables durante los meses de días cortos.
Un Ficus benjamin colocado sobre un mueble a tres o cuatro metros del cristal puede mantener inicialmente las hojas existentes, pero el nuevo crecimiento tiende a alargarse hacia la fuente de luz. Las hojas producidas después pueden ser más pequeñas y estar más separadas; en las formas variegadas, además, las nuevas hojas pueden aparecer más verdes y menos jaspeadas.
Cómo leer los brotes nuevos para saber si la posición es correcta
El crecimiento reciente indica mejor que las hojas viejas si el lugar elegido es el adecuado. Cuando los nuevos brotes son compactos, las hojas alcanzan dimensiones similares a las anteriores y las ramas no se inclinan todas hacia la ventana, la luminosidad disponible es generalmente suficiente.
Si en cambio aparecen entrenudos cada vez más largos, hojas pequeñas y ramas claramente dirigidas hacia un lado, la planta está buscando más luz. Una caída progresiva de las hojas internas puede tener varias causas, pero cuando coincide con el cambio de estación y con una fuerte reducción de la luminosidad, merece la pena reconsiderar la posición.
El Ficus benjamin manifiesta este cambio con mayor evidencia que el Ficus elastica y el lyrata.
Los rincones y zonas interiores que conviene evitar
Un error frecuente es colocar el Ficus en un rincón porque la planta llena bien un espacio vacío. Desde el punto de vista de la luz, sin embargo, los rincones son a menudo los puntos más oscuros de la habitación: una pared bloquea parte de la iluminación lateral y la copa acaba recibiendo luz casi exclusivamente desde una dirección.
Si el Ficus debe quedarse en un rincón, es preferible elegir el que esté inmediatamente junto a una ventana, no el opuesto. Lo mismo ocurre con pasillos, entradas y zonas detrás de muebles grandes: pueden parecer suficientemente iluminados en verano, pero oscurecerse notablemente ya en septiembre.
Por qué es mejor no moverlo continuamente
Una vez encontrada una posición más luminosa, el Ficus necesita tiempo para adaptarse. Los desplazamientos continuos entre ventanas y habitaciones distintas modifican simultáneamente luz, temperatura y circulación del aire. El benjamin, en particular, puede reaccionar a los cambios frecuentes dejando caer parte de las hojas.
Es mejor elegir una posición estable y girar el macetero ligeramente cada pocas semanas si la copa tiende a crecer solo hacia la ventana. Con los días más cortos, el mejor lugar para el Ficus es cerca de la fuente de luz natural más amplia de la casa. Más que buscar una distancia exacta al cristal, conviene observar el nuevo crecimiento: hojas grandes, entrenudos contenidos y ramas bien distribuidas indican que la posición sigue funcionando aunque el otoño reduzca las horas de luz.
Tu opinión nos ayuda










La conversación continúa
Comentarios